domingo, 16 de junio de 2013

Festival de Cine Alemán: Críticas: Rupturas por encargo y Culpables son los otros


En el segundo día llegan dos películas muy distintas, una comedia comercial como Rupturas por encargo que tiene las dos mejores escenas vistas en el festival y el drama Culpables son los otros.


Rupturas por encargo (Schlussmacher)


Tras varios dramas se agradece una comedia que tiene un planteamiento bastante original. El protagonista trabaja en una empresa que se dedica a gestionar las rupturas sentimentales cuando estos no se atreven a hacerlo. No es un trabajo agradable ni fácil pero para alguien egoísta como el que no es capaz de empatizar con nadie resulta de lo más sencillo. Faltan pocos días para que Paul lleve dos años en la empresa y si consigue 1.000 rupturas conseguirá ser un socio más en la  empresa. Resulta poco creíble ya no sólo que exista una empresa como esta sino que mueva tanto dinero, dejemos este tipo de detalles un poco al lado. Paul tiene un encargo de anunciar la ruptura a Toto con su novia Katherine; ella no está demasiado convencida pero las presiones del padre hacen que lo dejen y el se tenga que ir de la casa que compartían. Y por una serie de historias acaba siendo el chofer de Paul que tiene que viajar por todo el país rompiendo parejas. “Rupturas por encargo” es una película comercial que tiene bastante que ver con muchas de las comedias que nos llegan de Estados Unidos pero con un toque más Europeo que va más allá de buscar simplemente la risa fácil y se implica en desarrollar una historia y unos personajes. La película es un viaje tanto emocional y físico de dos personajes que empiezan con una relación tensa y que deberán superar esas diferencias que los separan para convivir. Los dos se sienten solos porque han perdido a sus parejas, aunque cada uno lo afronta de una manera distinta. La película resulta bastante divertida pero sin olvidarse de una parte emotiva, no hay que olvidarse que el germen de todo son las rupturas de pareja y eso no siempre resulta divertido, aunque cómo se dice en un momento de la película, un final también es un principio, un principio que puede ser de algo mejor de lo que dejamos atrás. La película cuenta con dos escenas especialmente poderosas, muy distintas y que ya sólo por eso merece la pena ver la película. Una es una escena en la que Toto se desmelena en la discoteca del hotel en el que están alojados mientras preparan uno de sus trabajos y otra es casi al final y para no destripar nada, sólo diré que el coche juega un papel importante.  No es la mejor película que se ha podido ver en este festival pero resulta entretenida y curiosa y de alguna forma rompe la imagen de serios que tenemos de los alemanes. La película está codirigida por uno de sus protagonistas.


Culpables son los otros (Schuld sind immer die anderen)


Tras una comedia, llega uno de los mayores dramas que se han podido ver en el festival que cuenta la historia de Benjamin Graf, un delincuente habitual que en una noche ataca junto a un compañero a una mujer joven para robarle el coche y el dinero. Meses más tarde acaba en prisión por otro delito y se le presenta la oportunidad de dejar la cárcel y estar en una casa tutelada junto a otros jóvenes que como el deberían estar en prisión. Mediante el trabajo y una vigilancia buscan no sólo reintegrarlos en la sociedad a base de una serie de recompensas y de unas categorías sino también reconciliarse con el mal que han hecho a base de terapia en donde se tienen que enfrentar a la victima. Ben se nos muestra como una persona arrogante, que no pide perdón y a quien no le gusta que le digan lo que tiene que hacer, vive en su propia burbuja y el conflicto con el resto de los compañeros es bastante inevitable, pero si quiere evitar la cárcel tendrá que ser muy estricto con las normas que le han impuesto. Lo que no se puede imaginar es que la esposa del encargado de la casa y que trabaja allí como psicóloga es una de sus víctimas y que las consecuencias de lo que hizo fueron muy altas, algo que cambió su vida para siempre. El director nos muestra una historia sencilla, sin apenas artificios donde no sólo importa lo que sucede sino cómo lo viven los personajes. Alguien tan primitivo como Ben que no sabe relacionarse con nadie si no es a través de la violencia, deberá controlar sus emociones, sobre todo ese nuevo sentimiento de culpa que hasta ahora no había conocido. Otro de los puntos fuertes de la película son sus dos actores protagonistas que dan vida a víctima y agresor. Viendo la película es fácil conectar con las emociones de ambos que se ven en un gran dilema, de perdón, el no sabe si es merecedor de tenerlo porque lo que ha hecho es muy grave y ella a pesar de que su trabajo se basa en solucionar conflictos como el que ella ha vivido, no sabe si en el momento dado será capaz de reaccionar positivamente y olvidar. La película está dirigida por Lars-Gunnar Lotz que como la directora de Transpapa, también vista este año, ha estudiado en la Academia de cine Baden-Wurttemberg y este es su trabajo de fin de carrera. Una hermosa y dura historia que espero que consiga distribuidora en España y la podamos ver en salas comerciales.


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